Hace una punta de años, el programa de radio de Rolando Hanglin en Continental tenía una sección que se llamaba "Cartas de amor prohibido". Cada tarde Florencia, la locutora de Hanglin, leía al aire una carta en la que un oyente del programa relataba una infidelidad. A los oyentes les costaba obedecer la consigna y generalmente sus cartas describían tristísimos amores no correspondidos o amantazgos vitalicios con familias paralelas. Hanglin se aburría. Un poco porque Hanglin nos daba pena y otro poco porque con el Mellizo somos capaces de apostar a cualquier cosa, decidimos escribir una carta cada uno y ver cual de las dos Florencia leía primero. La única regla era contar una historia verdadera. Lo que sigue son algunos párrafos escogidos de nuestra carta, redactados en el inconfundible estilo epistolar propio del género "oyente radial sensible" (la apuesta la ganó el Mellizo):
"Estimado Rolando (y adorable Flopi):
"Mi historia de amor prohibido se inicia hace cinco años en Nueva York. En aquel entonces yo (rosarino, 30 años, soltero) acababa de graduarme con una maestría en leyes de una prestigiosa universidad de Boston. Armado con mi flamante diploma, conseguí trabajo en un estudio jurídico de Manhattan con oficinas en uno de los rascacielos que pueblan el Midtown de la isla. Recuerdo que mientras viajaba en el subte hacia mi primer día de trabajo... repasaba mentalmente las cosas que no debía hacer si quería conservar mi puesto. Tenía muy claro que los códigos que rigen las relaciones entre compañeros de oficina son muy diferentes en Estados Unidos. "Tommy", pensaba, "nada de elogios a las secretarias o colegas que puedan ser malinterpretados, y mucho cuidado con mirar fijo". Exagero, lo sé, pero francamente me preocupaba que un desliz, producto de mi acostumbramiento al estilo más confianzudo e histérico que a veces impera en los lugares de trabajo argentinos, me llevara a protagonizar titulares de acoso sexual en los diarios tabloids de Nueva York."
"Mis precauciones resultaron infundadas... ayudaba que el ritmo de trabajo fuera agotador... el trato diario con mis compañeras de oficina se ajustaba al más estricto profesionalismo. Mi trabajo requería viajes constantes a México, Bogotá, Caracas y otras capitales latinoamericanas para asesorar a empresas en sus colocaciones de títulos en Wall Street. Solía compartir dichos viajes con Ken, mi jefe, con quien nos entendíamos a la perfección y compartíamos la ocasional cerveza en el bar del hotel. Como te imaginarás, Rolando, tanta paz no podía durar."
"La situación cambió drásticamente un lunes cuando Ken me anunció que se iba a trabajar a otra estudio y que mi nueva jefa sería una tal Nancy a quien yo no conocía ni en figuritas. ¡Era como volver a empezar! Para colmo, tres días después teníamos que viajar a Venezuela juntos. Cuando llamé a su oficina para ponerme a su disposición, la secretaria me informó que "la doctora está de luna de miel en Hawai y dejó dicho que se encontrará con usted en el Hotel Tamanco de Caracas"."
"Cuando llegué al hotel, Nancy me esperaba almorzando bajo una sombrilla junto a la pileta. Morocha, menudita, el pelo suelto hasta los hombros, nariz respingada sobre la que se deslizaban los lentes de sol. Le calculé treinta años largos muy bien llevados. Respondió a mis felicitaciones de cortesía por su casamiento aclarando que en realidad había sido más "una vacación", porque ya hacía ocho años que convivía con Richard. Nuestras reuniones en Caracas insumieron una semana y la verdad es que estábamos agotados cuando nos desplomamos en las poltronas de primera clase del avión en el que retornaríamos a Estados Unidos. Allí ocurrió el primer incidente fuera de lo común. Nancy se durmió no bien despegamos e imperceptiblemente su cabeza se fue inclinando hasta quedar apoyada en mi hombro. Cuán lejos habrían quedado mis reflejos argentinos que seguí leyendo el New York Times indiferente mientras su pelito negro me hacía cosquillas en la mejilla hasta que aterrizamos en el Kennedy."
"No volvimos a vernos por un mes, si bien hablábamos seguido por teléfono por temas exclusivamente de trabajo. Entre nosotros obviamente no había pasado nada. Pero no podía dejar de pensar en ella. Para celebrar el final de la operación venezolana, el cliente nos invitó a cenar en un restaurant italiano del Village con nuestras parejas. Nancy asisitió con Richard. Yo fuí solo. Por esas casualidades, me tocó sentarme entre Nancy y su marido. Y aquí viene el segundo incidente (bastante menos ambiguo que el anterior). Yo estaba en plena charla con Richard sobre algún tema financiero cuando sentí que un pie desnudo me empezaba a acariciar la pantorrilla. ¡Era Nancy, Rolando! De la impresión casi me atraganto con los tagliatelle. Fue demasiado para mí. Me levanté abruptamente y fui al baño. Nancy me atraía muchísimo pero temía que Richard se diera cuenta y armara un escándalo delante de los clientes más importantes del estudio. Cuando terminamos de cenar, aprovechando la confusión de las despedidas en la vereda, me acerqué a Nancy y le pregunté si estaba loca. Me contestó textualmente (en inglés, claro): "No es cuestión de sí o no; es cuestión de cuando." Ves, Rolando, tanto preocuparme por cometer una imprudencia en el trabajo y la que me terminaba acosando era mi jefa."
"¿Cómo finaliza la historia? A las pocas semanas viajamos juntos a México. Para mi alivio (o quizás no), al principio Nancy me ignoró. Pero la segunda noche sonó el teléfono en mi habitación. Era Nancy pidiéndome que le alcanzara un borrador de contrato a la suya para revisarlo. Debí imaginar lo que sucedería. Nancy me abrió la puerta vestida solamente con una bata de toalla blanca, descalza, con el pelo mojado y un vaso de whisky con hielo en la mano. Y ya no pude resisitir. Esa noche fue inolvidable, y también lo fueron cada una de las noches siguientes mientras duró nuestra estadía en México... Hoy, años después, ya de regreso en Buenos Aires, de tarde en tarde la recuerdo: Nancy, mi jefa y mi amor prohibido."
La mujer sentada. El dinamismo de la inmovilidad
Hace 5 horas
17 comentarios:
muy lindo todo, pero queremos la carta ganadora!
No sé cómo habrá sido la del melli, pero el corazón me dio un vuelco de imaginarte cuando abrió la puerta.
Eso, mellizo, publicá la carta ganadora (yo sólo recuerdo que tenía algo que ver con un clásico central-ñuls y la compra de una docena de facturas).
leí Hanglin y ya no pude seguir
sepa disculpar
¡me engañastes, me mentistes!
Flopy
hanglin, continental, está visto que barban es un señor grande
Lo mejor es cómo hace Tommy para pasar de ese estilo bellísimo del "12 gatos" a esta chatura massmediática pro-oyentes de Hanglin.Esquizofrenia de ghost-writter, que le dicen- Guerni
qué buena historia tommy...y qué suerte tuviste
a mi solo me acosó un loser asqueroso y tuve que renunciar frente a la grasa asquerosidad de mis jefes que me trataron de loca
y no tenía ganas de demandarlos
Barban escribe bien, porque cualquier hombre -y porque no mujer- que halla leido la carte, termina teniendole ganas a Nancy.
Ahora, por favor, la carta del Mellizo (que agil jugada Barban, la de publicar su carta para que su amigo haga lo mismo)
prefiero el estilo de la primera del plural antes que el del oyente radial sensible, lejos.
(eso sí, le rescato el "(y adorable Flopi)" ...me reí mucho con ese encabezado)
Nancy te dio una promoción?
did you sleep your way to the top Tommy??
Eran otros tiempos, no había mail todavía. La carta la mandamos los dos el mismo día por Correo Argentino a la dirección de la radio. La apuesta consistía en cual de las dos era leída primero.
La carta no hablaba de Central-Ñuls pero sí de un importante partido fútbol en Rosario.
La compra de facturas fue después, en el momento que leyeron la carta al aire, pero no lo voy a contar.
Hanglin concluyó y dijo: "Hermosa carta con mucho aire de Rosario".
Emma: en esa época Hanglin no era taaaaaaaaaaaan conservador, y el tema era la apuesta, como dice Tommy somos capaces de apostar cualquier cosa.
bah!
ahora entiendo qué es lo que no funcionó el día que abriste la puerta de tu casa y yo, con mi morral cruzado, los pantalones caidos y el cullote asomando, te pregunté por el corpiño floreado que había olvidado al borde de la pileta y te pedí un vaso de coca.
Ya te lo expliqué esa tarde, Loli, a menos de 30 no bajo.
Hi Tommy, this is Nancy. What a coincidence! Once in a while I think about you too, and those nights in Mexico. You were great as a latin lover and as a lawyer. Sometimes I even bite my tongue to say your real name, when having sex with Rich. By the way, my hair is shorter now, and again I want to know: when?....
"era nancy Rolando!!"
jajajajaj
Publicar un comentario en la entrada