El quinto sacó la foto
El quinto sacó la foto
Combatiendo el capital
Durante nuestra veloz recorrida por la muestra descubrimos varias obras atractivas (las hojas azul francia de Cambre, los conejos que saltan de rama en rama en las fotos crepusculares de Ostera, los degenerados animalitos de peluche de Pombo), pero una sola obra maestra.
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Dieta balanceada
Para luego alzar la persiana y ofrecernos semejante mercancía:
Palermo Cualquiera
De vuelta al barrio
Cool por fuera
La primera vez que vimos el Cementerio de la Chacarita, habríamos estrellado el jeep contra uno de los "paredones interminables" que cantó Borges si la amiga con quien acabábamos de compartir la vuelta de Jack Daniels en el último bar del centro que todavía tolera, y hasta festeja, nuestras idiosincrasias, no hubiera gritado a tiempo: "¡Guarda con la pared, infeliz!"
La segunda vez, en lugar de esquivarlo, tuvimos que entrar por la puerta de la calle Jorge Newbery para cumplir un encargo de Dorian Gray, aquel a quien antes llamábamos "Papi" pero ya no nos sale. Hay padres que les solucionan los problemas a sus hijos y otros que se los crean. Por ejemplo: El año pasado, Mami nos llamó para contarnos que había comprado tres parcelas en el Cementerio Jardín de Funes, un pueblo de las afueras de Rosario; la del medio para ella y las de los costados para sus dos hijos. Bien mirado, no deja de ser una solución. Hace seis semanas, en cambio, Dorian Gray nos mandó con una moto el "último aviso" del Cementerio Británico por la falta de pago del alquiler de la tumba de nuestro abuelo, Lolo Barban. En el dorso del aviso, Dorian Gray nos había escrito un mensaje: "Tomás: No es para pagar. Cuando compré no me dijeron que las tumbas no eran permanentes. Para mí quiero una cremación."
Un problema
El pago de la deuda atrasada se lo delegamos a nuestra eficaz secretaria ¡Caaaarmen!, pero de la futura cremación de Dorian Gray decidimos ocuparnos personalmente.
Nuestro primer intento de obtener información y, de ser posible, reservar turno fracasó cuando la señorita Alicia, del servicio de urgencias de Lázaro Costa ("0800-222-urgencias: el número que le dará la contención y orientación indispensables en los momentos más difíciles"), nos colgó después de explicarnos que nuestro predicamento no era una urgencia porque Dorián Gray todavía estaba vivo.
Turbados por el retaceo de la contención y orientación prometidas, decidimos recurrir a quien, desde hace ocho años, es nuestra analista y principal asesora en cuestiones de etiqueta.
- No pierdas el tiempo con las cocherías de Barrio Norte. Andá al Crematorio de la Chacarita. Yo ya fui infinidad de veces y te garantizo que te van a atender bárbaro - nos dijo, y procedió a contarnos la cremación de su abuelo.
Cinerario escolar
El día tórrido de principios de diciembre en el que finalmente entramos al Cementerio de la Chacarita para gestionar el encargo de Dorian Gray, lo primero que vimos fue un cartel que fortaleció nuestra convicción.
Disyuntiva
A medida que nos acercábamos, el Crematorio parecía un transatlántico llegando al puerto tras un largo viaje.
Amarra
Nuestra entrevista con el encargado del Crematorio se demoró porque los empleados del cementerio habían iniciado un paro sorpresivo de dos horas para protestar contra ciertos recortes presupuestarios ordenados por el Jefe de Gobierno de la Ciudad, Mauricio Macri. Mientras esperábamos que terminara el paro, paseamos por el cementerio bajo el sol unánime del mediodía, que deshauciaba por igual a los vivos y a los muertos.
Las 95 hectáreas que ocupa el cementerio están divididas en secciones muy distintas:
La calle de pueblo
La playa agreste
La ciudad del futuro
Rosa María, la encargada del baño de damas de la Sección 7 E, dedicada a las "Personalidades", nos ayudó a encontrar el sepulcro de Alfonsina Storni ("entre Sandrini y los De Caro"), y nos contó que trabaja los siete días de la semana y nunca se toma vacaciones porque sino extraña.
- ¿Extraña el trabajo en el baño de damas? - le preguntamos jovialmente incrédulos.
- No, a mi nietito. Me lo traje acá al lado para tenerlo cerca - dijo, y señaló una hilera de sepulturas guarecidas del sol por la pared del baño.
La tumba de Tobías estaba decorada con un ramo fresco de calas blancas, tres ángeles de yeso, un escudo de Boca Juniors y una muñeca de Hello Kitty colgada boca abajo. Contagiados de costumbrismo, le preguntamos a Rosa María si "Tobías está solito" (imaginamos un abuelo enterrado junto a él).
- Para nada, en esta fila son todos bebés.
Tobías Manfredi (4/2/08 - 8/2/08)
En el camino de regreso al crematorio, al costado de una avenida de eucaliptos, encontramos al señor Ramón y su cuadrilla “sepultando” en la Sección 20. El fruto de su labor eran tres hileras contiguas de fosas irregulares y montículos de tierra fresca.
Tierra
Ramón nos explicó que acababan de excavar dos docenas de sepulturas de muertos cuyos contratos de alquiler de ocho años ya habían caducado, y que esa tarde enterrarían en su lugar a otros tantos fallecidos recientemente. Simulando desinterés, vencidos el temor y el asco por la curiosidad y el morbo, nos asomamos al interior de las dos fosas más cercanas, esperando descubrir maderas deshechas, harapos desteñidos, huesos amarillentos. Estaban vacías.
- Esos ya están en el muro – dijo Rubén, mientras se refrescaba tomando naranjada Goliat.
- ¿En el muro?
- El muro de Newbery, el osario general.
Antes de despedirnos, quizás porque percibió cierta consternación en nuestro súbito silencio, Rubén se sintió obligado a aclararnos que él y sus muchachos hallaban satisfacción en su oficio.
- Trabajamos al aire libre, los muchachos y yo, y cuando nos ponemos tristes, que no nos pasa seguido, paramos un ratito a descansar y yo escucho la música en mi walkman. Sienta qué lindo – dijo, y nos ofreció uno de los auriculares para que nosotros también escucháramos las voces de Los Manseros Santiagueños cantando “no sé si llegaré donde tu estás”.
Pausa
Un rato más tarde nos sentamos frente a Eduardo, el jefe del crematorio, y escuchamos sus precisiones sobre el proceso de cremación - la temperatura que alcanzan los 16 hornos (entre 800 y 1000 grados centígrados), la duración del proceso (dos horas y media), la cantidad de cremaciones diarias (entre 60 y 70), el aspecto de los restos cremados antes de la aplicación del rodillo (rescoldos de brasas de carbón), la respuesta al interrogante sobre cómo se alza un cadáver (se da vuelta el ataúd antes de abrirlo y se usa su tapa como bandeja), el porcentaje de muertos que son cremados (100% porque “más tarde o más temprano, todos terminan acá”) –, pero nuestra atención aún flotaba en el aire libre que habitan Ramón y sus muchachos.
Antes de que se hicieran las 5 de la tarde y el cementerio cerrara fuimos a conocer el muro. El osario general de la Chacarita es una franja de ocho metros de ancho, protegida por una reja, que bordea casi toda la extensión del viejo muro de ladrillo de la calle Jorge Newbery.
El muro
Bajo la tierra batida del osario general se mezclan los restos reducidos a cenizas de todos los muertos del cementerio que, como diría Eduardo, más o tarde o más temprano, terminan allí. Ramón y sus muchachos, y las demás cuadrillas de sepultureros, son los encargados de enterrarlos, y, cuando los deudos no asisten a la inhumación, se ocupan de clavar en el muro un recuerdo del muerto. La vida de cada uno de nosotros es una sucesión de manos que intentan sostenernos. La muerte, aprendimos esa tarde en la Chacarita, no es demasiado distinta. Y que sean las manos de Ramón y sus muchachos las últimas que lo intenten no es un destino indigno. Aún para Dorian Gray.
Dos ramos de jazmines
Los dioses abandonan a Alejandra
Inédito

Dora hace la V
La novela Seda, de Alessandro Baricco, en préstamo (ya leída y devuelta).
Una lámpara de pie.
Un par de zapatos bicolores para jugar al golf.
Una frase alusiva de Dora, nuestra gurú en temas del corazón y guía literaria ("al que lo tiene todo no se le regala nada").
Una torta de chocolate y frutos rojos (abandonada con las velitas sin encender en la heladera del anfitrión del festejo, programado para el sábado en Rosario, que fuera suspendido a causa de la internación de emergencia del anfitrión por un súbito, pero previsible, dolor de panza).
Y una inspiradísima obra de juventud de nuestra prima, que nos permite completar un viejo post con la única foto que le faltaba.
El Gato Negro, Avenida de Circunvalación, Rosario

Plano detalle


La de Historia
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La de Letras
Nando y su peluquero (ésto sí que es "viejo estilo siniestro")
Por un puñado de Euros
El enmascarado cumple seis años, Rosario, 1966




¿Sospechoso?
¡Culpable!


Mirar el mar es mucho más divertido que leer Yo, Claudio
... o acostarse a leer:
Releer The catcher in the rye es aún mas divertido que mirar el mar
... o beber más de lo aconsejable:
Los restos del naufragio
... o posar para los amigos:

Whisky (mucho)
... o cazar sapos:
Pica al batracio
... o irla de yogi naturista:
Pararrayos humano
... o, sino hay más remedio, practicar deportes extremos:
Nuestra faquir favorita
Y cuando la cartelera de espectáculos nos propone un programa genuinamente irresistible...
así nos va:
Localidades agotadas para la matiné
Por eso los entendidos saben que el mejor programa es subirse al techo al atardecer:
Niños en el Vip
Ver amanecer en la Playa Calavera
Mientras el niño cuya filiación no viene al caso despunta su vicio matutino favorito:
"Yo prefiero ver salir la luna"
Volvemos en dos semanas